Desde la sección sindical de la CGT en la FAMT queremos denunciar que durante el periodo de verano el Servicio de Urgencias de Mutua de Terrassa una vez más se ha visto colapsado prácticamente a diario.
Dicho colapso ha sido ocasionado por la empresa debido al recorte de recursos durante el periodo vacacional, como ha sido la decisión del cierre de plantas.
Una vez más hemos tenido que ver como los pacientes eran "hacinados" en los pasillos durante días mientras esperaban ingresar en planta.
Una vez más hemos sido presentes, hemos observado un personal sanitario desbordado, estresado al límite, soportando dicha situación de caos, cuya culpa esta vez tiene nombre y apellidos.
A todo esto sumamos la situación intolerable de tener que trabajar a temperaturas superiores a lo establecido por la ley.
También recalcar que estos hechos llevan a la ansiedad de pacientes y familias lo que conlleva en incontables ocasiones a muestras de agresividad y faltas de respeto hacia el personal sanitario.
Todo esto hace "imposible" el desempeño correcto de las funciones del trabajador en su puesto, exponiendo a este a " riesgos innecesarios", recalcando una vez más la culpabilidad de la empresa y la falta de recursos para solucionar dicha situación.
diumenge, 9 de setembre del 2018
divendres, 3 d’agost del 2018
RAMON TRULLÀS: «ECONOMICISMO Y PRECARIEDAD EN LA CIENCIA»
Ciencia es el conocimiento obtenido
mediante el método científico, un procedimiento basado en la experimentación.
La experimentación no permite identificar lo que es verdad, solo permite
averiguar con certeza lo que es falso o qué hipótesis son equivocadas. Esta
característica diferencia la ciencia de las ideologías y de las religiones que
postulan verdades absolutas. Cuando se trata de entender la realidad externa al
ser humano, únicamente las disciplinas que utilizan la experimentación
controlada del método científico pueden conocer y predecir los fenómenos
físicos con una posibilidad de equivocación baja.
El éxito predictivo de las ciencias
experimentales ha hecho que muchas disciplinas se autodenominen ciencia. Así,
en algunas universidades, se pueden encontrar los departamentos de Ciencias
Económicas, Ciencias Políticas, etcétera, que no utilizan, o no pueden
utilizar, el método científico, por lo que su poder predictivo es similar al
del azar. Conocimientos como el de la Economía son imprescindibles para
entender y organizar el presente, pero cuando alguna disciplina no experimental
hace predicciones de futuro, se convierte en ideología que solo puede imponer
dogmas.
La falsa investigación de excelencia
Un ejemplo de ideología dogmática,
surgida de la teoría económica, es el economicismo que predice sucesos futuros
en base a principios de coste-beneficio. No es posible saber de antemano si los
principios economicistas son falsos porque no se pueden someter a
experimentación controlada. Sin embargo, el economicismo se ha infiltrado en
muchos ámbitos de la vida, introduciendo términos como capital humano, inversión
en talento, máximo rendimiento. Cuando el economicismo se aplica, por
ejemplo, a las relaciones de pareja, es fuente de infelicidad porque provoca
que las personas busquen el máximo beneficio propio a costa de otras,
impidiendo las relaciones interpersonales equilibradas o el amor desinteresado.
Pero cuando se aplica a la investigación científica, el economicismo es demoledor, porque establece que solo debe hacerse investigación «de excelencia», a la que define como aquella que produce beneficio práctico inmediato. La política economicista defiende un modelo privado de generación y gestión de conocimiento en detrimento del que generan las universidades y centros públicos de investigación. En consecuencia, financia grupos de investigación muy grandes, liderados por supuestos científicos estrella, que en realidad son gestores despiadados de lo que llaman talento. Esto quiere decir que se benefician del trabajo de investigadores ya sea posdoctorales o que todavía hacen la tesis doctoral a los que, en lugar de formar como científicos, tratan como «capital humano», pagándoles sueldos bajos y despidiéndolos cuando ya no se pueden aprovechar más de ellos. Esta política científica economicista, que se ha aplicado intensivamente en nuestro país durante casi 15 años, ha provocado la desaparición de equipos de investigación pequeños. En consecuencia, muchos doctores, formados en universidades públicas, se han visto obligados a abandonar la investigación o irse a otros países donde hay más oportunidades y equipos de investigación.
Un indicador de que el economicismo aplicado a la investigación científica es perjudicial es el hecho de que la mayoría de los avances científicos más beneficiosos para la humanidad se han conseguido en contra de los principios economicistas. Un estudio reciente demuestra que la mayoría (80%) de los medicamentos curativos existen gracias a hallazgos que se hicieron en proyectos de investigación básica que no buscaban resultados prácticos; la mayoría realizados en países anglosajones. Precisamente, estos países saben que la ciencia es intrínsecamente práctica y no debe estar condicionada a principios economicistas. Por ejemplo, la mitad del presupuesto total de investigación para el 2017-2018 en el Reino Unido (3.602 millones de libras esterlinas, unos 4.075 millones de euros) se destina a universidades y centros públicos para subvencionar proyectos sin restricciones.
La distinción que hace el
economicismo entre ciencia excelente y no excelente, rentable o inútil, es
absurda y sin fundamento. La ciencia, cuando se hace de forma técnicamente
correcta para incrementar el conocimiento, beneficia a toda la humanidad. Si
queremos un país en que la investigación científica produzca descubrimientos
relevantes y que los científicos formados en universidades públicas no se vean
obligados a marcharse o a renunciar a su formación es necesario abandonar el
modelo economicista de investigación de excelencia que se ha aplicado hasta
ahora.
Ramón Trullàs
Profesor de Investigación - CSIC
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Ramon Trullàs
dimarts, 19 de juny del 2018
ÒSCAR MURCIANO: «COS A TERRA, QUE ENS DISPAREN PAU SOCIAL»
Aquestes setmanes, i fora de l’atenció principal dels focus mediàtics, s’estan definint tres grans pactes dels quals tindrem notícia un cop tancats, novament simbolitzats amb alguna de les acostumades fotografies de rigor. Govern, patronal i sindicats majoritaris es donaran la mà per enèsima vegada i celebrarem acords d’estat més grans, tots junts, remant en la mateixa direcció.
Un d’aquests pactes estatals és un altre acord de negociació col·lectiva, un document on, teòricament, sindicats majoritaris i patronals defineixen els punts que es considera que han de ser el model per als convenis sectorials. A la pràctica, es tracta de les condicions que tenen com a objectiu reduir la conflictivitat laboral en les diferents negociacions.
És curiós perquè, fins a on jo sé, és precisament la mobilització el que permet anivellar aquestes taules i arrencar concessions rellevants. Es tracta d’un model de pacte social que acumula grans èxits en anteriors edicions, com ara la desvinculació de l’IPC com a barem per als increments mínims de conveni i l’aposta per retribucions flexibles i no consolidables.
El segon gran acord que s’està cuinant és la modificació d’alguns aspectes de la reforma laboral del 2012, que va provocar la pitjor caiguda de les condicions laborals de la classe treballadora dels darrers 30 anys. I és que ara passem de derogar-la sencera a acceptar només retocar alguns aspectes mentre es consoliden els altres.
Finalment, el Pacte de Toledo (partits, sindicats majoritaris i patronals) està enllestint petits retocs per anar tirant amb un ¬model sostingut de pensions ínfimes i pitjors condicions per al futur. Cal tenir ben present que l’increment de l’edat de jubilació de 65 a 67 anys té la signatura del partit que ara governa i els mateixos sindicats que formen part d’aquesta negociació.
Empíricament, els resultats de dècades de pau social són prou clars: segons l’Eurostat, l’estat espanyol és el país amb més desigualtats de tota la Unió Europea; l’any 2017, els beneficis empresarials van créixer un 9,2%, mentre que el salari mitjà ho va fer un 0,1%; i el nombre de rics a l’estat espanyol creix un 60% des de la crisi, mentre que les persones en situació de pobresa han passat del 19,7% al 22,3%. Amb aquestes regles del joc algú està guanyant, certament, i no som nosaltres.
Potser la causa la podríem trobar en la contenció conscient del conflicte: les hores de vaga estan en mínims històrics si exceptuem aquest darrer any, en què l’empenta de sindicats alternatius, amb una força creixent, ha permès incrementar-ne el nombre. I amb aquest increment han arribat victòries reals i tangibles sobre l’empresariat. Tothom que militi en un sindicat sap com de difícil és organitzar una vaga, i si la plantilla n’ha perdut el costum, encara més.
Aquesta pau social que és venuda com un valor en si mateix és en realitat la cadena que ens manté lligades a un terreny de joc on només optem a rebre engrunes. Una pista del que cal fer: ja que els poders econòmics posen tanta cura a contenir el conflicte, potser és conflicte el que han de tenir. I sent així, qui l’intenti desactivar afavoreix un bàndol que no és el nostre.
Òscar Murciano
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